La red clandestina que desafía la teocracia iraní
La guerra que envuelve a Irán ha dado a la teocracia gobernante otro pretexto para hacer lo que siempre ha hecho en momentos de ansiedad existencial: convertir el conflicto externo en una represión intensificada en el interior del país. Amnistía Internacional afirma que las autoridades han utilizado explícitamente las “condiciones de guerra” para justificar arrestos masivos, procedimientos judiciales acelerados y ejecuciones políticas. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos también ha advertido de que las ejecuciones están siendo utilizadas para infundir miedo y suprimir la disidencia.
Sin embargo, bajo esta extraordinaria presión de seguridad, una resistencia organizada sigue operando. En su centro se encuentran las Unidades de Resistencia afiliadas a la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI), pequeñas redes clandestinas que operan en pueblos y ciudades de todo el país.
Una organización clandestina dentro de Irán
Las Unidades de Resistencia están diseñadas para sobrevivir precisamente a las condiciones que prevalecen hoy en Irán: vigilancia, arrestos, ejecuciones, restricciones a internet y un extenso aparato de seguridad. Sus actividades abarcan desde la exhibición de consignas contra el régimen, la distribución de material informativo y el apoyo a campañas contra las ejecuciones, hasta el desafío a la propaganda oficial y, en algunos casos, la realización de actos de sabotaje contra instituciones asociadas con la represión.
Shiraz
Resistance Units torch poster of regime leaders pic.twitter.com/HvJZmP6hMt— People's Mojahedin Organization of Iran (PMOI/MEK) (@Mojahedineng) August 9, 2026
Su importancia política no reside únicamente en acciones concretas, sino en la existencia de una red organizada capaz de mantener la continuidad entre un levantamiento y el siguiente. La mayoría de los grupos de oposición iraníes operan principalmente desde el exilio. La OMPI, en cambio, ha desarrollado una presencia clandestina estructurada dentro de Irán, capaz de mantener una actividad organizada incluso cuando las manifestaciones abiertas son reprimidas.
Los últimos informes ilustran la magnitud de esa actividad. El 7 de agosto, coincidiendo con el aniversario de la masacre de presos políticos de 1988, las Unidades de Resistencia informaron de 60 operaciones en Teherán y otras 26 ciudades, pese a las intensas medidas de seguridad y vigilancia. Sus acciones se dirigieron contra centros asociados con los Basij, el aparato judicial y la propaganda del régimen, así como contra símbolos del poder clerical.
Durante esa misma semana, las Unidades de Resistencia organizaron exhibiciones públicas, distribución de panfletos y actividades contra las ejecuciones en ciudades que iban desde Teherán, Tabriz e Isfahán hasta Kermanshah, Rasht y Zahedán.
Tehran
Resistance Units set fire to a banner of regime founder Ruhollah Khomeini and eliminated supreme leader Ali Khamenei pic.twitter.com/nC3tdwINww— People's Mojahedin Organization of Iran (PMOI/MEK) (@Mojahedineng) August 9, 2026
Por qué Teherán apunta a la OMPI
La propia reacción del régimen constituye quizá la prueba más clara de la importancia que concede a esta red.
Amnistía Internacional ha documentado casos de presos políticos condenados a muerte tras ser acusados de estar vinculados a la OMPI, describiendo procedimientos marcados por la tortura y juicios gravemente injustos. Reuters informó en abril de que Irán había ejecutado a varias personas vinculadas por las autoridades a la OMPI. En julio también informó de la ejecución del licenciado en derecho de 26 años Mehdi Khaneki, a quien el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI) atribuyó una condena por pertenencia a la OMPI y participación en las protestas de enero.
Esta represión forma parte de un esfuerzo mucho más amplio para evitar otro levantamiento. El ahorcamiento público de dos jóvenes manifestantes en Isfahán el 28 de julio constituyó una demostración inequívoca de terror. Amnistía Internacional describió las ejecuciones como una nueva escalada en el uso de la pena de muerte para aplastar la disidencia; al menos otras 60 personas se encontraban entonces en situación de riesgo.
La guerra no ha creado esta represión. Pero sí ha proporcionado al régimen una justificación adicional para ampliarla.
Una nueva generación de resistencia
Quizá el aspecto más significativo sea la dimensión generacional del fenómeno. Informes recientes del CNRI sobre partidarios detenidos del OMPI dentro de Irán incluyen a estudiantes universitarios y jóvenes de tan solo 18, 20 y 21 años entre los arrestados durante los meses de mayo, junio y julio. Esto encaja con un patrón más amplio observado en los sucesivos levantamientos registrados en el país: los jóvenes iraníes, que no vivieron ni la dictadura del Sha ni la revolución de 1979, se enfrentan cada vez más al régimen actual sin las inhibiciones que marcaron a generaciones anteriores.
Aquí es donde las Unidades de Resistencia adquieren su mayor importancia. Una protesta espontánea puede ser aplastada. Los manifestantes pueden ser dispersados, las comunicaciones interrumpidas y miles de personas arrestadas. Pero una organización clandestina preserva contactos, experiencia y un propósito político común de un levantamiento a otro.
Ese es el desafío estratégico que representan para el régimen el movimiento liderado por Maryam Rajavi y la OMPI. Las Unidades de Resistencia mantienen viva la llama de la resistencia cuando las calles quedan temporalmente silenciadas. Su actividad continuada, su alcance geográfico y su capacidad de atraer a jóvenes iraníes sugieren que la represión puede sofocar las protestas visibles durante un tiempo, pero no ha logrado eliminar la fuerza organizada que se prepara para su regreso.
