Irán – Actualización – martes 30 de diciembre de 2025 – 14:00 h
La revuelta del bazar de Teherán entra en su tercer día mientras los medios del régimen admiten una resistencia organizada
A medida que Irán entra en el tercer día de una revuelta en rápida expansión, el 30 de diciembre, las protestas que comenzaron en el histórico Gran Bazar de Teherán han evolucionado hasta convertirse en un desafío de alcance nacional al poder teocrático. Lo que inicialmente estalló como una huelga de comerciantes contra el colapso de la moneda y una inflación insoportable se ha transformado con rapidez en una abierta desobediencia política, con consignas que exigen el derrocamiento del régimen resonando en el centro de Teherán y extendiéndose a múltiples ciudades del país. La participación de bazaríes, estudiantes, trabajadores y pensionistas no señala una perturbación pasajera, sino una ruptura profunda y estructural entre la sociedad y el Estado.
Breaking Iran News Alert
Tehran National University — December 30, 2025:
Students are chanting “Down with the dictator” during today’s protests. pic.twitter.com/wiTOw7FDEa— SIMAY AZADI TV (@en_simayazadi) December 30, 2025
De forma crucial, uno de los reconocimientos más reveladores del carácter político y organizado de esta revuelta no procede de fuentes de la oposición, sino del propio régimen. En un informe publicado el 29 de diciembre, la agencia Fars, directamente afiliada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), admitió que las protestas en el centro de Teherán no se limitaban a quejas económicas. Según Fars, testigos presenciales informaron de que, dentro de concentraciones de unas 200 personas, había células organizadas de entre cinco y diez individuos, coreando consignas que iban más allá de demandas profesionales o gremiales.
Esta admisión es llamativa. Durante décadas, los medios del régimen han tratado de presentar los disturbios como espontáneos, sin liderazgo, o impulsados por vagos “planes extranjeros”. Sin embargo, aquí el propio órgano del CGRI reconoce implícitamente una presencia estructurada y con objetivos claros dentro de las manifestaciones. Lo que Fars describe como “pequeñas células” que empujan las protestas en una dirección política radical refleja estrechamente el patrón operativo de las Unidades de Resistencia del OMPI, que se basan en la movilización descentralizada de pequeños grupos para sostener y politizar el descontento popular.
Aún más revelador es que Fars va más allá al mencionar explícitamente a Maryam Rajavi, presidenta electa del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán. La agencia señala que, de manera simultánea a las protestas del bazar, la señora Rajavi llamó a “la formación de una cadena de protestas”, citando fuentes de inteligencia que presentaron esto como un intento de transformar la crítica económica en inestabilidad política.
Al hacerlo, los propios medios del régimen confirman que consideran al OMPI y a su red de resistencia como el principal catalizador y motor estratégico de la revuelta, al convertir el descontento económico en movilización contra el régimen.

El malestar ha superado ya con claridad el ámbito del bazar. En las últimas 48 horas, las protestas se han extendido a las principales universidades y residencias estudiantiles de Teherán, incluida la Universidad de Teherán, desde hace tiempo considerada un barómetro político. Los estudiantes corearon consignas como “Los estudiantes prefieren morir antes que ser humillados” y “Temednos, temednos, estamos todos juntos”, lo que llevó a las fuerzas de seguridad a sellar las residencias y rodear los campus para impedir que la población se sumara.
La expansión hacia las universidades marca una escalada peligrosa para el régimen, evocando levantamientos anteriores en los que la participación estudiantil desempeñó un papel decisivo.
En respuesta, las autoridades han optado por una táctica preventiva más que abiertamente violenta. El régimen ha anunciado el cierre de las universidades a partir del miércoles, extendiendo de facto el cierre durante el fin de semana. Esta medida parece diseñada para romper el impulso de las protestas en los campus y evitar una mayor coordinación entre estudiantes y comerciantes en huelga, más que para restablecer la normalidad. Es una maniobra conocida: cierres administrativos utilizados como cortafuegos político.
Tehran | Dec 29
Exclusive footage provided by Simay Azadi’s reporters from the protests in the Grand Bazaar earlier today. With the chants of “death to the dictator” in Lalezar street. https://t.co/g2YngwyEiF pic.twitter.com/nhtkqQZPgJ— SIMAY AZADI TV (@en_simayazadi) December 29, 2025
El contexto más amplio sigue siendo el de un colapso económico severo y acelerado. El rial iraní ha caído a mínimos históricos, con el dólar estadounidense superando los 140.000 tomans, lo que hace imposible la actividad comercial normal. Amplias secciones de la infraestructura comercial de Teherán —incluidos los complejos Alaeddin y Charsou, la calle Lalehzar, los mercados de oro y electrónica y las arterias del Gran Bazar— permanecen cerradas. Huelgas y manifestaciones similares se han registrado en Mashhad, Karaj, Kermanshah, Hamedán, Malard y Qeshm, lo que subraya el alcance nacional del malestar.
Cabe destacar que, hasta ahora, el régimen ha evitado matanzas masivas. Las fuerzas de seguridad se han desplegado ampliamente, pero con una contención calculada. El objetivo aparente es sofocar las protestas sin provocar muertes que puedan radicalizar rápidamente la ira popular y atraer a capas más amplias de la sociedad. Esta cautela táctica refleja en sí misma la ansiedad del régimen: reconoce que una violencia excesiva en esta fase podría acelerar, en lugar de contener, la revuelta.
A medida que el bazar y las universidades convergen como centros de resistencia, Irán parece estar entrando en una fase en la que la oposición organizada y la ira popular se alinean cada vez más, planteando un desafío sostenido a los cimientos del poder clerical.

