El domingo 6 de septiembre, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI) – (también conocido como MEK por sus iniciales en persa), principal componente organizado del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), eligió a Mahnaz Maimanat como nueva secretaria general, coincidiendo con el inicio del 62.º año de existencia de la organización.

La elección se llevó a cabo en tres rondas sucesivas, con la participación de miembros de la OMPI en siete países: Francia, Alemania, Reino Unido, Suecia, Suiza, Países Bajos y Albania. En la primera ronda, la Sra. Maimanat obtuvo el 56 % de los votos, por delante de Badri Pourtabbakh y Narges Azdanlou. El mandato de secretaria general tiene una duración de dos años y puede ser renovado por el Consejo Central de la OMPI.
La Sra. Maimanat, nacida en Teherán en 1959, ha dedicado la mayor parte de su vida adulta al movimiento. Conoció la OMPI cuando era estudiante universitaria y participó en manifestaciones contra la dictadura del Sha. Se incorporó a la organización tras la revolución de 1979 y posteriormente asumió una sucesión de importantes responsabilidades: en 1989 pasó a formar parte del Comité Ejecutivo; en 1993, del Consejo de Liderazgo; en 2014, del Consejo Central; y en 2021 fue nombrada co-secretaria general.
Su historia personal refleja también el alto precio que han pagado muchas familias de la OMPI bajo el régimen clerical. Su madre, Akhtar Mowlavi, que era profesora, fue asesinada por la Guardia Revolucionaria en 1988. Uno de sus hermanos, Massoud, fue ejecutado en la prisión de Evin a los 19 años, tras meses de encarcelamiento y tortura. Otro hermano, Mahmoud, estudiante de arquitectura, fue ejecutado durante la masacre de presos políticos de 1988.
Sin embargo, la importancia de esta elección va mucho más allá de un simple relevo en la dirección. Mahnaz Maimanat es la décima mujer que ocupa el cargo de secretaria general de la OMPI. Maryam Rajavi se convirtió en 1989 en la primera mujer en asumir la máxima responsabilidad de dirección de la organización y, desde hace más de tres décadas, todos los secretarios generales de la OMPI han sido mujeres. Antes de la Sra. Maimanat, ocho mujeres sucedieron a la Sra. Rajavi en este cargo.

Este hecho reviste una especial importancia en el contexto iraní. Dentro de la OMPI, el liderazgo de las mujeres no constituye una representación meramente simbólica ni una cuestión de imagen política. Sus secretarias generales han ejercido una autoridad ejecutiva y organizativa real, a menudo en periodos extraordinariamente difíciles, marcados por la actividad clandestina dentro de Irán, una dura represión, encarcelamientos y ejecuciones, ataques contra miembros de la OMPI, el desplazamiento desde Irak y la posterior reconstrucción de la organización.
Tras asumir en 1993 la responsabilidad de dirigir el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, la Sra. Maryam Rajavi dejó de desempeñar cualquier cargo formal dentro de la estructura organizativa de la OMPI. No obstante, sigue siendo la figura política más destacada de la Resistencia iraní y, para millones de iraníes, especialmente mujeres, se ha convertido en un símbolo de la resistencia frente al fundamentalismo religioso y en una pionera de la igualdad de las mujeres y de su liderazgo político.
Este modelo de liderazgo femenino también ha tenido importantes repercusiones dentro de Irán. Las mujeres han asumido cada vez mayores responsabilidades de dirección en las Unidades de Resistencia clandestinas de la OMPI, que han desempeñado un papel activo en las sucesivas revueltas contra el régimen, incluidas las protestas nacionales de enero de 2026. Para las jóvenes iraníes que se enfrentan al velo obligatorio, a la discriminación institucionalizada y a un sistema político que trata a las mujeres como ciudadanas de segunda categoría, ver a mujeres ejerciendo una autoridad real dentro de un movimiento de oposición organizado tiene una considerable importancia política y cultural.
Esto también ayuda a explicar la intensidad de los ataques dirigidos contra la dirección de la OMPI tanto por el régimen iraní como, cada vez más, por sectores extremistas partidarios del Sha. Ambos dedican importantes recursos a presentar a la OMPI, y especialmente a su liderazgo femenino, como carentes de legitimidad. Sin embargo, la cuestión esencial es que la OMPI sigue siendo un movimiento democrático de oposición altamente organizado, con una amplia red dentro de Irán, y representa por ello un serio desafío para la supervivencia de la teocracia gobernante.
La elección de su décima secretaria general debe, por tanto, contemplarse desde una perspectiva más amplia. Representa más de tres décadas de liderazgo femenino ininterrumpido y constituye un profundo desafío ideológico y cultural al fundamentalismo islámico: no se trata simplemente de mujeres que reclaman la igualdad, sino de mujeres que asumen responsabilidades, ejercen autoridad y dirigen una lucha organizada contra un sistema basado en su discriminación y subordinación.
