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Ingrid Betancourt en La Libre Belgique: «Por qué he elegido apoyar a la Resistencia iraní»

El 31 de julio en Roma, durante la cumbre por un Irán libre, renové mi llamamiento a reconocer a la OMPI como la voz legítima del pueblo iraní. El régimen de Teherán está hoy debilitado. Es el momento de actuar. De apoyar esta alternativa que, por sí sola, ofrece una garantía contra la bomba nuclear iraní.

Publicado el 23-08-2025 a las 08:00

Por Ingrid Betancourt

Hace unos días, el régimen iraní ejecutó sin previo aviso y de manera arbitraria a dos militantes de la OMPI – Muyahidines del Pueblo, Behrouz Ehsani y Mehdi Hassani. Otros 14 van a ser ejecutados tras ellos y esperan en el corredor de la muerte.

Desde la llegada de Jomeiní, este movimiento es blanco de las persecuciones más atroces, pero también de las campañas de desinformación más encarnizadas.

Fue en París, hace varios años, donde descubrí la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI). Fui su invitada en una conferencia sobre los derechos humanos en Irán, junto a personalidades a las que admiro, como Elie Wiesel, quien había salido en mi defensa cuando yo era rehén en manos de la guerrilla de las FARC en Colombia.

Siguiendo su ejemplo, quise también alzar la voz por quienes sufren y resisten. Hablé entonces de la Resistencia iraní y, naturalmente, de la OMPI.

Para mi gran sorpresa, en las horas siguientes me vi inundada en la red por una propaganda hostil y amenazante relacionada con la OMPI. No eran invectivas directas, sino una campaña de descrédito muy sofisticada y de intimidación mediática. Se les acusaba, entre otras cosas, de ser una secta, de ser terroristas y comunistas. Yo acababa de pasar siete años en las cárceles de una organización terrorista; aquello me interpelaba.

Pero algo chirriaba. Esa información no se correspondía con lo que yo misma había observado durante la conferencia. Quise cerciorarme e informarme con mayor profundidad. Hablé con periodistas y con personalidades políticas muy críticas con este movimiento. También pedí reunirme con miembros del movimiento.

Un gran grupo de militantes acababa de llegar como refugiados a Albania. Fui allí para conocerles. Se les había asignado un terreno y construían sus viviendas. Era lo que llamaban el campamento Ashraf 3. Allí vi una comunidad disciplinada, determinada y solidaria. Hombres y mujeres, exiliados de Irak tras un intento de genocidio desbaratado con el concurso de la ONU. Les vi a todos, incluidos sus líderes, transportando materiales de construcción en el frío y el barro. ¡Y con una sonrisa!

Entendí entonces que aquella campaña de difamación no se basaba en hechos, sino en el miedo. El miedo de un régimen debilitado e ilegítimo frente a una alternativa creíble. Creo que, con sus aliados dentro del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní (CNRI), la OMPI encarna esa alternativa.

Sigo a la OMPI desde hace muchos años ya, y creo poder identificar algunas razones de ese miedo.

Primero, su estructura y su sentido estratégico, en las antípodas del caos en el que prosperan los regímenes totalitarios. Por eso el régimen califica a la OMPI de secta, no porque sea cierto, sino porque necesita acusar a su opositor más acérrimo de ser aquello que él mismo quiere ocultar.

En segundo lugar, su líder: una mujer musulmana, Maryam Rajavi, que defiende un Irán laico y democrático, la igualdad entre mujeres y hombres, la libertad religiosa y la separación entre la religión y el Estado. Su liderazgo cuestiona el orden patriarcal y misógino que Teherán impone a los iraníes.

En tercer lugar, tienen un proyecto claro: el programa de diez puntos de Maryam Rajavi prevé, entre otras cosas, el fin de la pena de muerte, la libertad de expresión y de culto, el respeto a las minorías y un Irán desnuclearizado.

En cuarto lugar, la OMPI cuenta con una presencia estructurada dentro de Irán. Han construido una red clandestina formada por unidades de resistencia que encabezan las protestas civiles que se suceden sin tregua. Esa legitimidad sobre el terreno es lo que el régimen teme por encima de todo.

En quinto lugar, la OMPI tiene una historia que mostrar: nacida en la lucha contra la dictadura del sha y luego perseguida bajo Jomeiní, no ha dejado de resistir desde hace 60 años.

Por último, este movimiento ha pagado muy cara su lucha: 120.000 hombres y mujeres de su movimiento han sido asesinados, encarcelados o han desaparecido. Como hoy, sus militantes han sufrido ejecuciones sumarias, tortura y exilio. Por tanto, no se trata en absoluto de un grupo marginal. Es una fuerza popular cimentada en principios sólidos. Por eso ningún embuste puede empañar los hechos ni ninguna propaganda desmentir esta verdad.

El 31 de julio en Roma, durante la Cumbre por un Irán Libre, renové mi llamamiento —en presencia de dirigentes y responsables políticos europeos y estadounidenses— a reconocer a la OMPI como la voz legítima del pueblo iraní.

Porque la lucha por la libertad en Irán también es la nuestra. La del mundo libre. La de todos aquellos que se niegan a que los totalitarismos se banalicen y nos exporten sus guerras y su terrorismo.

El régimen de Teherán está hoy debilitado. Es el momento de actuar. De apoyar esta alternativa que, por sí sola, ofrece una garantía contra la bomba nuclear iraní.